
En 1982, con un VIC-20 recién comprado y su madre como socia administrativa, Jeff Minter fundó Llamasoft. El motivo fue tan honesto como genial: había visto en una feria un juego tan malo que te ponían un asteroide encima de la nave antes de que pudieras moverte. «Te cobraban siete libras por esa basura. Yo pensé: yo puedo hacerlo mejor.»
Diez títulos para el C64, Psychedelia como sintetizador de luz, Tempest 2000 como testamento y una obsesión con los camélidos que sigue viva hoy. La historia del hombre más raro y más honesto del videojuego independiente.

